lunes, 24 de enero de 2011
Un domingo, casi de madrugada
Recordaba haber dejado marcas por la casa, a modo de sortilegio y que aquella andadura había comenzado muchos años atrás, probablemente desde que la memoria existía; que había respiraciones profundas en medio de algunas caminatas, llantos de cerveza, silencios para dejar hablar al ángel... una suma incontable de pequeñas acciones insignificantes que ahora significaban. Últimamente lo necesario estaba siempre relacionado con las cosas del alma. Esa noche cocinó productos de la tierra que acabaron oliendo a mar y cayó en la cuenta de que ahora lo importante era tan sólo terminar de comprender por qué se quedaba donde estaba.