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sábado, 24 de diciembre de 2011

Buceando entre la nada
y toda mi tristeza me tapa
venga
yo soy mas fuerte
me digo
venga
acuérdate
tantos abismos
y tus pies firmes a tierra
ahora es otra cosa
ahora he de echar a andar por el vacío
sin caerme
sabiendo que no piso
pero que puedo
y que había que aprender a andar
misterio milagro del aire
que la otra orilla me espera
no dejar de mirarla hasta que llegue
e irme imaginando el horizonte por el camino
cruzé la línea divisoria
ahora tengo que ejercer el valor
que me empujó a hacerlo
quieta
sin moverme todavía
escuchando corazón
lo digo

lunes, 7 de febrero de 2011

Decía Salinas antes de volar por la ventana,

AMOR, MUNDO EN PELIGRO


Hay que tener cuidado,
mucho cuidado: el mundo
está muy débil, hoy,
y este día es el punto
más frágil de la vida.
Ni siquiera me atrevo
a pronunciar el nombre,
por si mi voz rompiera
ese encaje sutil
labrado por alternos
de sol y luna, rayos,
que es el pecho del aire.
Hay que soñar despacio:
nuestros sueños deciden
como si fueran pasos;
y detrás de ellos quedan
sus huellas, tan marcadas,
que el alma se estremece
al ver cómo ha llenado
la tierra de intenciones
que podrían ser tumbas
de nuestro gran intento.


Soñar casi en puntillas
porque la resonancia
de un sueño, o de un pie duro
en un suelo tan tierno
podría derribar
las fabulosas torres
de alguna Babilonia.
Hay que afinar los dedos:
hoy todo es de cristal
en cuanto lo cogemos.
Y una mano en la nuestra
quizá se vuelva polvo
antes de lo debido
si se la aprieta más
que a un recuerdo de carne.
Hay que parar las gotas
de la lluvia: al caer
en la tierra abrirían
hoyos como sepulcros;
porque el suelo es tan blando
que en él todo es entierro.

Parar, más todavía,
cuando estemos al borde
de algún lago de plata,
el afán de llorar
que su gran parecido
con un lago de plata
en nosotros provoca.
Sí, detener las lágrimas.
Si una lágrima cae
hoy con su peso inmenso
en un lago o en unos
ojos que nos querían
puede llegar tan hondo
que destruya los pájaros
del cielo más amado,
y, haciendo llover plumas,
llene toda la tierra
de fracasos de ala.

No hay que apartar la vista
de los juncos de azogue
donde el calor se mide.
Si el ardor sube mucho
en pechos o en termómetros,
puede arruinar la tierna
cosecha que prometen
tantas letras sembradas
en las cartas urgentes.
Vigilar, sobre todo,
a ella, a la aterradora
fuerza y beldad del mundo:
amor, amor, amor.
Esa que es grito y salto,
profesora de excesos,
modelo de arrebatos,
desatada bacante
que lleva el pelo suelto
para inquietar los aires,
esa
envidia de torrentes,
ejemplo de huracanes,
la favorita hija
de los dioses extremos
-amor, amor, amor-que
con su delirante
abrazo hace crujir
por detrás de la carne
que se deja estrechar
lo que más se resiste
en este cuerpo humano,
a ternura y a beso:
el destino final
del hombre: el esqueleto.
Amor, amor, amor.
¿Porque quién ha sabido
nunca, si hace o deshace?
¿Y si, cuando nos arde
es que nos alza a llama,
o nos quiere cenizas?

Por eso, el mundo, hoy débil,
le teme más que a nadie.
Y hay que dar el aviso
a todos los amantes
de que la vida está
al borde de romperse
si se siguen besando
como antes se besaban.
¡Que se apaguen las lumbres,
que se paren los labios,
que las voces no digan
ya más: "Te quiero"! ¡Que
un gran silencio reine,
una quietud redonda,
y se evite el desastre
que unos labios buscándose
traerían a esta suma
de aciertos que es la tierra!

Que apenas la mirada,
lo que hay más inocente
en el cuerpo del hombre,
se quede conservándole
al amor su futuro,
en esa leve estrella
que los ojos albergan
y que por ser tan pura
no puede romper nada.
Tan débil está el mundo
-cendales o cristales-que
hay que moverse en él
como en las ilusiones,
donde un amor se puede
morir si hacemos ruido.

Sólo
una trémula espera,
un respirar secreto,
una fe sin señales,
van a poder salvar
hoy,
la gran fragilidad
de este mundo.
Y la nuestra.


Razón de Amor, Pedro Salinas

lunes, 1 de noviembre de 2010

Sinto como as bestas

Me llama la voz de lejos. Es una pupila de fiebre. Hoy es la noche de todos los muertos, la noche en la que mas abierta está la franja entre los dos mundos. Me gustaría salir al monte para oír jadear a los lobos. Después aullar. Soy un animal, quiero ver la sangre roja del horizonte abierto. La luna me llama desde los espacios abiertos, no quepo en estas paredes, no quepo. Deslizarme en cuclillas, respirar  roncando, salivar, encorvarme y mirar , el aire está tan sólo detrás del pelo. En la ciudad me conformo con dibujar mi cara con mi sangre en un papel sin usar, busco la tinta, saco los dedos y me extiendo. Bailar cortando el aire. ¿Para que envolverme en un cuerpo? Soy la inmensidad. Lo invisible. El latido. Estoy en todas las cosas y a la vez me muevo. Salto, del suelo al techo. Mi visión es granate. Sombras es lo que veo.

martes, 7 de septiembre de 2010

Ella en Residencia

Quiero que sepas
que estoy aquí
y que pienso en ti
que te mando
buenas vibras
y que sé en que frecuencia
buscarte
para sentirte al instante,
y tu lo sabes,
ahí hablamos,
que siempre serás moza
y que da igual
que tus ojos bailen
sus propios valses
yo vi tu luz
tu lo sabes
y me creció
un espejo
desde donde te multiplico
para regalarte
a todos
los que no saben de ti
pero lo necesitan.

miércoles, 30 de junio de 2010

lista de cosas por hacer

teñirme
comprar para hacer gazpacho
comprar para hacer lentejas vegetales
comprar hierbabuena
hielos
jugar con la cámara hora y media
buscar los planos
definir más lo ya estipulado
imaginarlo
soñar
diseñar la coreografía
vivirla
comprar lentillas
cocinar lentejas y gazpacho las dos juntas
ir a la tienda de Macario con Pablo
rodar la escena del corto de Martin
tardar menos de una hora y media
limpiar la casa
acondicionarla
pensar lo del tejado
que tenga la lista de las cosas para cuando venga a cocinar
que ya se las traiga
que también se tiña el pelo
no olvidar el tutú ni los zapatos
hacer la otra lista también
soñar
soñar
soñar

domingo, 25 de abril de 2010

Mira por el caleidoscopio

Agitar la primavera vez y media
una con los pies en la tierra
 y otra dando una pirueta mortal,
buscar la meseta en la alegría,
poner una vela a las mañanas
como si de un santo se trataran,
argÜir
contra toda cascada  torrencial,
una flor de solapa en la chaqueta.
( Si dispara agua   morirse  de la risa
y señalar.)