Se hace casi de noche. El frío y las tres horas de caminata empiezan a hacer huella en mi cuerpo alimentado con cartilla de racionamiento en las últimas semanas. Pero no lo exteriorizo ni un ápice, yo ya he puesto antes de salir de casa el modo supervivencia, que es como andar forzando la máquina física y mental, usándola al 1000 por 100. Cristina sí que tiene piloto automático. Ni un decaimiento y su dolor menstrual me va a adelantar la regla, lo he notado en los ovarios. La última venta que ha hecho ha sido a una parejita muy joven en un chalet adosado muy mono y con una pareja de boxers muy jóvenes también que me han movido los hilos al verlos. Ella (la boxer preciosa) dormía en el sofá de la entrada y él ( el boxer precioso y juguetón) apoyaba el hocico en su tripa y dormía también. Pero en un instante cualquier cosa les despertaba y la jugaban, oliéndose o buscándose. Al momento se quedaban otra vez plácidos, y se notaba, a ella la cuidaba él. La velaba apoyado en su tripita. Los chicos, la pareja, eran tiernos también, tan jóvenes con tantos años ya trabajando, comprándose una alarma para su recién estrenado chalet, tantos años de amor y de letras por delante...Fíjate que primer día de regla viene llevando Cristina que cuando volvíamos para el coche se ha mirado el pantalón de traje blanco y tenía un escándalo de sangre en la entrepierna. Viene literalmente chorreando. Lleva tres horas y media sin sentarse y afrontando cada ocasión (unas veinte) desde la máxima energía mientras se desangra. Me empezó a caer bien cuando le dijo al cliente del locutorio, ya sé que es una técnica muy inteligente, que tenía un hijo de diez años. En la oficina me dijo que tenía mi edad, y que éramos las más mayores. Después de pasar a un baño y una coca-cola nos toca esperar a las otras unos cuarenta minutos en la puerta del coche y ya con frío. Se le relaja la cara.Se sincera. Desde ese momento me gana. Ha hecho de todo en el mundo de los negocios. Ha tenido inmobiliarias, restaurantes,tiendas de muebles, ha sido comercial para más sitios lleva un año y medio en esta empresa, es autónoma y madre desde los ventiún años. El padre huido como siempre. Antes molestando, juicios y demás, quería que sólo trabajara ella. Ni pensión ni nada , denuncias falsas para sacarle el dinero además de dejarle deudas. 30.000 euros le termino costando el divorcio. Ahora acaba de volver de Argentina, le pillaron con tráfico de drogas y ha estado casi tres años allí preso. Antes de irse le dejo otros dos hijos a una mora que vive de la beneficiencia. Es extremeña. Tauro. Contundente. Y todavía después de todo lo que me cuenta, elige la inocencia, y le sale a los ojos como una apuesta de vida. Comprendo que comprende muy bien su trabajo. Que lo sabe hacer con mucha dignidad. Que es un lujo tenerla de supervisora, porque ha conseguido ser maestra en lo suyo y lo sabe enfocar con corazón. Me resulta sabia. La admiro por su independencia, por su tesón. Por su amor de madre. Me cuenta que la ha costado mucho volver a estar con alguien, pero que ahora está con un chico de la empresa, que es un poco celoso, y que ella no quiere decirle mentiras piadosas para que no lo sea. Que no se atreva, le digo yo. Qué celos. Una mujer que sabe mentir profesionalmente y que elige el camino de la confianza no se merece un celoso. Y menos cuando se lo cuenta a una desconocida con ojos de quince años y el pantalón sangrado. Que al final lo habla y la entiende. Ah, bueno. Tiene una oportunidad entonces. Que la aproveche.
Ya son las diez menos cuarto , el trabajo va hora y cuarto de retraso sobre el horario informado, y todavía estamos en Santa María de no se qué, provincia de Toledo. A unos 70 km de Madrid. Mi madre estará llegando, como yo salía a las nueve...Ya vienen éstas. Una señora muy pelma las ha entretenido desde la 9 para al final no comprarla, les ha dado un pastel que han comido con mucho gusto pero que estaba asqueroso, por lo visto. Era una tía rara. Muy gorda y como deprimida. Todavía hay que llegar a la oficina a Arturo Soria porque por lo que parece hay que hacerlo siempre. Cristina necesita pasar por casa a cambiarse, nos desviamos a Parla. Esperamos en la puerta y llama y dice que tiene una hemorragia absoluta que no puede moverse. Lo entiendo y la apoyo. El gerente, que todavía está en la oficina casi las once de la noche ,se ríe, todo son bromas y buenrrollismo estratificado por géneros: las bromas de los hombre, las bromas de las mujeres. Mi madre me llama que ya estoy llegando, y yo que estoy saliendo para Madrid, tengo que ir a Arturo Soria y luego tengo media hora en metro, no te dejé llaves, salía a las nueve, espérame hora y media en el restaurante de enfrente, lo siento. Seguimos hablando de la señora gorda. La chica de izquierdas está más cómoda en el asiento de atrás conmigo sola, sus ojos son rótulos luminosos más que mensajes ocultos, pero tampoco dicen nada malo, sólo piensa mal y acertarás. Me llama mi hermana, que si ya estoy con mi madre, que no, le cuento, pues que uf, pobrecita voy a llamarla. Mi madre viajando con su maleta de Chamartín a Sol, buscando restaurante en una calle céntrica con mucha gente. La rubia lo pilla y se solidariza, el gerente es su hermano y sin esfuerzo dice que me vaya directamente y llegue mañana a las tres, media hora antes. Que me habían dicho que la hora de entrada eran las cuatro, pero ya hemos visto que en este planeta todo va configurándose poco a poco. Que majos todos oye, que me dejan saltarme ir a la oficina. Ya que hemos terminado tan tarde, dicen.Me dejan en Plaza Elíptica. Metro con transbordo hasta casa. Dos vueltas porque el nombre que mi madre me ha dicho no existe. Decido que la busco por todos que seguro que la encuentro, y como el que de repente siente que tiene esa función activada, hago caso a mi intuición que me dice que en ése. Y sí. Está. La distingo al final y de espaldas, es mi madre. Me pido un chuletón de buey con pimientos y patatas fritas, estoy hambrienta de dos o tres días. Me observa. Coge la palabra oposición y se la pone en la boca. No la suelta hasta la mañana siguiente que se va. Me desespero y me siento sola en el mundo y quiero llorar ahí en medio delante de todos, si no fuera por el camarero cubano que está bueno y tiene la alegría en los poros cada vez que viene, iba a llorar con la boca llena de carne y la manos puestas en la tripa y en la cabeza, en la cabeza y en la tripa. Subimos. Tengo el pecho lleno de ansiedad. Preparamos las camas, se pone cómoda, la preocupo. Que no me voy mañana, que si te vas. Gracias por dejarme dinero. El trabajo éste, sí, me han cogido, creo, mañana tengo que ir, va de...vender alarmas, sí, hay que viajar, tampoco está tan mal, no tengo otra cosa.No sé ni cuanto pagan ni nada de nada. Mañana me lo dicen todo, claro. Internet, cigarros, apagamos. Todo gira menos yo que estoy en modo supervivencia. Analizo datos. Me van a decir que tengo que ser autónoma, pienso. Joder con los putos trabajos de comerciales estos que nada es lo que parece y todo tiene un guión. Que manía de jugar a poner la zanahoria delante de la nariz de la gente. Que me lo hubieran dicho en la entrevista, coño. Lo pregunté: ¿esto es con contrato mercantil? No, me dijo.Mirándome a los ojos y sin pestañear. A las cuatro de la mañana volvió a preguntarme si no tenía frío y si no prefería dormir con ella. A su vuelta de Las Alpujarras me trajo un tarro de miel de romero que sustituyó al amor y al azúcar por unos días.