viernes, 16 de abril de 2010

Planeta Yús ( abducida) 7

En el coche me quedo en sueño yóguico con ojos abiertos. No me muevo un milímetro, no hablo, respiro mínimamente. Cristina me pregunta por qué voy tan callada, le digo que hago meditación en los coches y que he dormido 4 horas y me he levantado muy pronto. Hay un cielo de nubes amarillas que me abre las pupilas. Voy a hacer una venta, lo visualizo.  Ya que estoy aquí camino de Toledo again, dependiendo de vender y sin haber firmado contrato todavía, la vendo. Además lo único que me podría parar es mi moral y en este caso la tengo tranquila y los años se notan aunque me apunto revisar ese pensamiento porque yo no quiero crecer. Al menos de esa manera. Acabamos en Maqueda, como el Lazarillo de Tormes. Estudio el terreno. La verdad que se ven cuatro casuchas y cinco chalets, un, dos, tres negocios apenas, y algunos ya tienen la alarma contratada. Mmmmm. Pero uno de los ocho pasos afirma que todas las ocasiones tienen el mismo índice de probabilidad. A la segunda, la vendo. Es una señora con el marido en paro, le decimos que han robado a su vecina de más abajo. En el momento clave y sutil, cuando es ahora o nunca, Cristina lo cierra,  me dice que apunte los datos y cuando terminamos me dice que ponga mi nombre. Gracias le digo. Tres veces, será por tanta trirepetición. No seas tonta me responde, mirándome a los ojos  y parando de andar. La venta la has empezado tú y es tuya, es normal que yo te ayude, tú lo harás por otro. La verdad que sé en qué momento la víctima se convenció para decir sí, tristemente con el anzuelo del cartel publicitario en la fachada, fue como el momento de máxima verdad cuando estas actuando, esos segundos en los que consigues vivirlo tanto que aunque sabes que estás actuando (mintiendo) sabes que está siendo verdad. Me pillo el truqui a mi misma y pido más presas. Este pueblo es un subebaja, y y cada dos pasos nos encontramos con el otro grupo, así no se puede disimular. Cristina vende otra al panadero; hacemos buen tándem, sabemos apoyarnos sin que se note. Los otros han hecho otra también. Fíate de la virgen y no corras, mira tú el pueblo de cuatro casas, este guión es la leche. Resulta que el cura, no el de Maqueda como en el Lazarillo, sino el de Quismondo, el pueblo de al lado, quiere poner una alarma en la iglesia no vaya a ser que le roben las ostias sagradas, con el dinero de los fieles, claro, que también temen mucho que les quiten a dios. Chivatazo del último cliente, cosa por la que nuestro colaborador publicitario será recompensado con un pequeño descuentito si es positiva la venta y cinco años de absolución de sus pecados, que deben ser muchos, porque tiene un bar, y con las paredes azules para más inri. Quismondo posee además una amplia zona urbanizada, lo voy a vender todo. 1600. No, más. Puedo hacer más. Ñakañakañakañaka. Están en misa.Ajajajaja. Estaría bien montarles el speech. Que los fieles vean lo bien protegido que quedará su señor. Tienen los pueblos un estar que no lo tienen los demás sitios. Se desviven por indicarte el camino, es el único cambio del trimestre en su rutina. Hoy todo es tri (incluida la Santísima Trinidad). Pateamos la superurbanización, estamos a punto de otra, se hace de noche más que ayer. Son las diez y media y seguimos llamando a las casas. Sólo uno de cada 15 se molesta, y no tanto. Admirable la raza humana. Somos buenos.  Llevo media hora congelada de frío y de hambre, me he venido por falacia  primaveral en mangas de camisa y con chaquetita. Vayamonos a casa  por favor, son casi las once de la noche y hay que pasar por la oficina. Tengo frío y cansancio, pero no puedo negar que estoy alegremente activada , enérgica, feliz. Risas en el coche, acabamos en un camino de vacas. Coche de noche cerrada al final del día, luces, música. No sé porqué, me absuelven de nuevo de la oficina, me vuelvo a quedar en Plaza elíptica. Estoy contenta de andar  por ahí pisoteando el mundo, llamando a  todas las puertas y cazando mi comida en  cada  salto de mata.