viernes, 16 de abril de 2010
La noche
Paseo de la Castellana , cuando salgo del metro está lloviendo de nuevo. Son más de las 12. Se me ve a la legua con tanto espacio abierto. Los tacones, la mini, las pieles plumas. Temo que me confundan con una puta y me consuelo diciéndome que sólo pienso eso por la falta de costumbre de ir fashion por la vida. Con lo que yo he sido. Cuando llego abajo me da en la cara la energía del sitio. Surrealismo de MDMA. He visto antes el efecto y lo detecto. Gente guapa. Gente bien vestida. Buenrrollismo artificial. El contacto me presenta a un socio y a un encargado que protesta. Al final dice ven y se pone a hacerme una entrevista en el office del lugar y prueba a intimidarme. Sabe que está bueno. No para hasta confirmarlo en mis ojos. Me mira fijamente y juega a dejar que se le dilate la pupila. Se pone carnal. Exhala sensualidad, todo conscientemente pero sin guarrería, con savoir faire. No le gusta que le descubra tan rápido así que se hace el duro. Tiene un quede con las actrices, todas sus chicas eran actrices, hasta controla de escuelas y su conclusión es que no se puede estar con una actriz. Mi tranquilidad le desarma. Hasta casi le enamora. Los dos sabemos dónde está el peligro. Pero ni pensar. "No necesitamos gente". Bromea con alguien presentándome como su novia. Lo soluciona con un chupito y resetea y yo vuelvo a subir escaleras para salir a la calle mojada. Que sinsentido de vida. Es que ya ni lloro. Me queda rendirme y esperar.