Recuerdo cómo empezó todo. Me tenían en una habitación distinta a ésta, las cortinas y la colcha lo dejaban todo azulado y verde, eran tonos fríos pero en el ambiente había algo cálido. Hay que tener en cuenta que era la primera estancia en la que habitaba y el primer silencio que conocí después de mi paso por la cueva de la araña y después de ser expulsada. Todo era amable y terrible a la par. Había menos luz que ahora, y la luz era levemente azul. Él llegó sin esperarlo, y, ni muchísimo menos para quedarse.