jueves, 17 de febrero de 2011
Cartita de mediodía
No sé qué escribir, pero he de obligarme, es la única rutina que sigo en la última semana. No sé de qué repito, porque las palabras se esconden cuando quieren ser encontradas. Me gustaría hablar del libre albedrío en la tragedia. De los momentos, de los instantes decisivos. De lo que tenemos escondido en la cabeza guiando nuestros pasos. De las pocas veces que se deja escuchar y del miedo que nos da escucharlo. Me gustaría subirme al tiempo para ondear la mano desde arriba y poder decir "lo véis, está todo hecho", pero, el tiempo no existe, y tienes prisa, ya no hay nadie detrás de tí cuando caminas. No son así los versos de Ángel González, son algo parecido pero para mí hoy son así. No quiero que se me ponga la cara de mi madre y de mi abuela. No esa cara, y todo el rato me la veo. No hay otra cosa que hacer que mover lo que está quieto, no hay dónde ir que no sea uno mismo, no hay nada sin el tú que me libera. ¿Sabes? Es curioso cómo nos quedamos enganchados en el tiempo, por eso sé que no existe, porque muchos meses después, cuando ya muchas veces, aún sale aquel sentimiento, vivimos de emoción ( movimiento) en emoción y los días no son más que el cariño del universo, el sol brilla porque nos quiere, la luna se deja iluminar por el amor que nos tiene, la guerra está en el sitio para la paz, corazón coraza de sentimientos, ese sentimiento, el de que no nos pertenecemos, ah, las palabras encasillando, ay, ay, mi amor buscando, buscando-te.