lunes, 12 de abril de 2010

Planeta Yús (de qué va el juego) 3

La cosa es que llegamos al pueblo, no sé, Santa María de algo, provincia de Toledo. Nos repartimos la calle principal, tres vamos por la izquierda y las otras dos por la derecha. Empezamos al contrario. Nosotras vamos hasta la plaza. Primero vamos a hacer los negocios, luego los chalets me han dicho. Hay que entrar y preguntar por el dueño. Les dicen que debido al incremento de atracos, S.D, la multinacional de seguridad, va  abrir oficinas en la zona, y que se busca dos vecinos que colaboren con la publicidad y a cambio dejarles la instalación de su nueva alarma en unas condiciones  muy baratas. Esto de ir por la calle vendiendo es....como....gitano, sí. Aunque tampoco tiene nada de malo, y va a ser primavera, hará bueno y que mas da si es una gira por la provincia de Toledo. Lo que me cuesta es andar llamando a casas particulares. Cristina es un huracán caribeño, nunca se amilana, siempre en la cumbre de la energía, siempre sonrisa. No sé la cantidad de años que llevará haciendo esto, pero verla trabajar es un placer. Cómo engatusa. Cómo da la vuelta a las cosas, cómo crea necesidad. Pido al cielo que alguien me llame al móvil y poder hablar y contárselo, pero me domino. Necesito trabajar. En lo que sea. En Toledo o donde sea.  Cristina ha vendido una. Es en un locutorio, al hombrecillo es colombiano y está medio molesto, porque no quería, pero ha terminado firmando. Para su casa, no para el negocio. Cuando salimos Cristina me cuenta como lo ha hecho, me señala que se dio cuenta de que el hombre ya debía venir hablando con los comerciales ( a todos los efectos, nosotras somos del departamento de publicidad) y que entonces usó el impulso indiferencia, que es uno de los impulsos que se pueden usar para cerrar una venta y que ya me lo contará mañana. Llaman de la oficina, que  la otra chica se vaya con el otro grupo, que nos quedemos Cristina y yo solas. Yo creo que esa chica está descontenta con algo, y ellos lo saben. Vuelvo a pensar que sus ojos encerraban algún mensaje. A mí no me ha caído mal, dice que lleva aquí un mes y medio, y antes, en el segundo sitio que hemos entrado, justo al entrar uno de los cristales de mis gafas de sol, que tan metállicas y tan RayBan  flaquean, se me ha caído al suelo y ha sido muy cómico verme recogerlo ( no se ha roto!) ojiplática y con las gafas puestas cristal sí, cristal no. Sólo se ha dado cuenta ella y se ha reído mucho, y sanamente además. No ha sentido apuro por algo que no es muy aparente, y yo me he reído también , y eso me ha gustado. Cristina es férrea como el hierro. Hoy le ha bajado la regla y va con un dolor de ovarios que se la nota. Lleva un ibuprofeno en el bolso por si no aguanta más, pero dice que  ella no tomo medicinas.No pierde la esperanza. Nos vamos a los chalets. La verdad es que desde su distancia, resulta muy calurosa su manera de explicarte las cosas, de considerarte. Esta chica en el fondo es humana, pienso. Me cuesta un poco colocar mi eje de gravedad  en el sitio que requiere la situación, pero me acuerdo de aquel verano que hice lo mismo vendiendo carnets de fútbol de un equipo de tercera regional y batí el récord. No quería yo en estos momentos de mi vida desviar mi energía hacia estos derroteros, pero...