En las gargantas de Imaón cedo el paso a la noche. La noche me quiere, me envuelve con su ruido metálico. Es cuestión de estructuras todo esto.
Quedarme fuera es cumplir mi misión. Soy el arquitecto:
Una cereza o
un juego de escorpiones
ahora
la habitación es larga y estrecha
y no me gusta esa ventana.
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la tarde es como siempre
sin ruido
sólo pájaros
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La sonrisa de mi abuela
de paseo hasta Rivilla
revela que dios existe
¿ por qué no me esperó
por lo menos
hasta pasar la adolescencia?
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Mi tónica es quejarme.
Tengo el resorte de la queja.
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Vale, me dejo destruir.
Tengo alma para todo.
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Y la tarde cae,
y las cosas caen
y la vida cae
y no pasa nada más
que el tiempo por mi cuerpo.