Está, tan menudito, ordenando un cajón del armario casi de espaldas a mí y sin mirarme.Yo angustiada formulo en voz alta un miedo y él con la inmutación justa dice
ya habló Gertrudis!, sin mirarme, y la carcajada desde la parte de atrás de la cabeza que me provoca va y me sana en el instante
.Gertrudis no soy yo.