digamos que el día que cumplí
16 años
caí en la cuenta
de que ya sabía
lo que era
amar
ser des-amada
desear quedarme embarazada
estarlo
abortar
que el mundo se rajase
bajo mis pies
y que
a mi me tocara ser la culpable.
La vida se acababa
justo cuando
la eternidad
empezaba a esperarme.