jueves, 9 de septiembre de 2010

Cierro la puerta de la tienda y siento en las manos cómo el dinero las ha cambiado. Hay un peligro de barranco, pero lo quiero vadear. Es todo un vacío, oscuridad inmensa más inmensa sin ti. Soltar esas cosas como si de otra piel se tratase, resecarlas hasta que se desprendan. El impacto del boomerang igual se puede atenuar dejándolo rebotar, soportando la sacudida. Sé que me falta un ajuste, sé que me falta un ajuste, me veo la mezquindad y me hago cargo de ella, ah, que de sombras me recorren. Las lágrimas me sorprendieron en el punto exacto, eran tan purificadoras, que pena que me pillaran sin momento para ellas, será por algo...

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Camino hacia un sitio que me estoy inventando y que ya existía, a  veces me paro.