jueves, 22 de julio de 2010
Puedo ir, encontrarme con un hombre dormido acordarme del olor de antaño. Aquel que dormía entre mis fotos con olor a leche reciente y mi amor guardado entre las piernas. La vida, los ciclos. Un hijo quiero/quise darle yo. Como símbolo, como regalo de amor. Una entrega total, una apertura de todo a la vez y " de tal suerte he trocado que mi amado es para mí y yo soy para mi amado". Papá. ¿Dónde estás? Qué es de tu vida, cómo ocupas los días... siempre que me entero es una decepción. Porque tu ausencia no nos trae a ninguno nada. Sólo te aparta de mí tu miedo, y yo como loba abandonada te aúllo en otros pechos y se me antoja mi dolor como mi deseo y mi deseo como un castigo y el castigo parece un merecimiento, yo te venero, que te quiero tanto que sólo creer no ser digna de tí tranquilizó la angustia de no tenerte a mi lado. Aunque fuera al revés y todo lo contrario.