DOMINGO 25 DE ABRIL DE 2010
Es-ce que tu veux parler avec moi?
Hay luz roja en el ladrillo gastado de las paredes y por encima de las barras. Pero la luz ambiente es azul. Grandes focos fijos alumbrando el agua. Unos 10 metros de azul de arriba a abajo. Pufs de cuero blanco rodeando mesas bajas y negras. Los actores estamos copando la noche de nuevo, aquí ya somos cuatro. Reunión de redbull y cigarros antes de que Cenicienta pierda su zapato. Lentejuelas, amarillos, pendientes pluma y camisetas blancas. Ojos intensos y claros. Todo empezó hablando de correos electrónicos, blogs y trabajo. Luego una bella mujer que se siente gilipollas integral porque es buena y tiembla debajo de las medias cuando escoge un monólogo de una película para contarlo. Acentos mediterráneos. "Me encantaría escucharte un poema" me dice, moreno y azul, con las manos cruzadas en las rodillas cruzadas, y, aunque no estoy poética y aunque me acaba de mirar con intención el escote, le cuento que tengo los pechos blandos, que le quiero parir mil hijos ficticios para que le suban por las piernas y que sospecho que no estoy preparada para la vida moderna. Me mira más allá. A la mujer bella se le ha erizado el pelo del brazo y me lo enseña. Otro alguien que sólo observa se siente de menos y alaba la capacidad de la gente que actúa, y él, con toda la placenta de los cáncer, con toda su madre, le dice tocándole la pierna que ella es una invención en sí misma. Hemos convertido el ambiente en atmósfera, y no pasa desapercibido. Hay cuatro latidos al compás . Nos separa una isla, la de la discoteca del dj que hoy pincha y que ya ha empezado a sonar, abandonamos el alma-grupo para sujetarnos a una barra, un triángulo se ha dibujado entre tres corazones y la geometría sostiene al mundo mientras baila. El siguiente vuelo es en mi casa.
Hemos estado aquí, y hemos volado...