Lo que tienen M.A. Solá y B. Oteiza en "Por el placer de volver a verla" es amor.
Quien lo probó lo sabe, diría Lope de Vega. Amor al teatro, de lejos. Amor entre ellos, bajo cualquier rol se notaría, en cualquier escena . Una parece desmantelarlos, verlo en todas las miradas, en todas la reacciones. No es que escojan bien los textos, que es la segunda vez que me sorprenden como ya hicieran con "Hoy: Diario de Adán y Eva, de Mark Twain" diez años en cartel, tremenda función. Es que sus textos hablan de amor del bueno, de las caricias de la vida, y eso se agradece. Es que se quieren, y eso no puede ocultarse. Y aman profundamente lo que hacen, tanto que es imposible no amarlo también debajo de su corriente.
En "Por el placer de volver a verla" él, va vestido de calle. Con su pelo corto y cano, sus cicatrices de tanto contratiempo último. No sale del escenario en toda la función y es un niño de 11, de 14; un adolescente de 18, de 19, de 21; un hombre ya maduro. Pasa por todas las edades simplemente siendo. Toda la noche he tenido la imagen de sus pies de niño puestos el uno sobre el otro. La única palabra que me viene a la mente cuando intento describir su trabajo es maestro.
Ella configura, apunta y fuego. Formas exactas, pausas milimétricas, partitura completa.Su mano gesticulante de madre es la mano de todas la madres. Y lo disfruta, vaya si lo disfruta, tanto como hace disfrutar.
Que esta pareja de hombre y mujer, de actores, son ya un referente en el teatro en castellano es indiscutible.Y que lo van a seguir siendo. La obra es pecado perdérsela, sin mirar la cartelera digo que está entre las dos mejores opciones, y que probablemente sea la primera. Pero que así hasta el infinito me quedó anoche claro. Sí es la respuesta para siempre si tengo oportunidad de ir a verlos. Ví dos veces el "Diario.." y por el placer de volver a verla, y no por hacer juego de palabras, iré por lo menos otra vez a ver ésta.
Lo que tienen es amor. Lo que tienen es...mi reino por ese cielo.