He visto " La Abeja reina". No voy a cebarme, porque además es fácil, barato en estas ocasiones. Pero la abeja no volaba. Reinó en algún momento porque el guión está clavado en tres o cuatro momentos. ¿Y la culpa? Pssss, llámalo globalización, porque dinero había por un tubo, lo sabes en cuanto tocas el programa de mano. No es que faltara talento, no es eso. ¿O sí? . Esa cosa a veces que tienen los actores de saber lo que les funciona, de que les hayan pagado muy bien por mucho tiempo por ello e, inevitablemente, deslizarse por ahí cuando están en escena, como el que se apoya en la barandilla siempre en el mismo tramo de las escaleras. Pensé que Verónica Forqué me iba a sorprender mucho al comienzo de la función. Ese registro de voz tan grave, una dureza fuera de como se la recuerda. No llegó a hacerlo, aparecía la barandilla a veces, pero aún así no puedo decir que me disgustara. Una sensación de ni fu ni fa a veces. Pero bien. Y la barandilla era un pasamanos de tres metros, me refiero, ella es la protagonista pero hay otros dos actores de la tele cuyo nombre no recuerdo que les pasaba lo mismo.(Siento esta falta documentalística, que mas da si esto no lo lee naide). El prota, rubísimo, físico ideal para un Hamlet, a veces se relajaba, lo disfrutaba, salía de la concreta dirección y entonces mejor. Pero un poco ni fu ni fa también. Alba Alonso que aparece a los 40 minutos, introduce una organicidad interesante, porque una, con tanta planta en el escenario, ya esta en ese momento empezando a pensar que lo mas vivo son eso, las plantas. Todo gana cuando están todos reunidos en la mesa, el guión los lleva solo. Pero vaya, todo bien. Es decir, correcto. Una dirección ausente para crear un teatro de actores, pero correcta para todo lo demás.
A mi me entristece salir del teatro diciendo correcto.
Pero llámalo globalización si quieres.