La rabia a veces es toda yo. Por eso llegué aquí, pero eso pertenece a la antigua era. El estómago es lo que se resiente, el punto débil de mi cuerpo por dónde mi mente se cuela. La ira ancestral lo tritura todo y no deja un centímetro cúbico de sólido. Qué suerte que el cielo me coloque cerca suyo como para no perderme de vista ni yo a él y en un trocito tan bello, que me cura por los ojos. Es que el cielo sabe. Sabe que que yo ahora también sé y que quiero girar para elevarme verticalmente.