Al fin y al cabo
aunque venga la risa
el momento de superación,
ya está grabado el gesto.
Vara de hierro
imposible de doblar.
No existe la fuerza.
En el fondo de tu mirada
quedará escondido ese duende
que quiso salir un día,
y como yo,
se lo impedí,
y de eso se acuerda,
sentado para siempre
en la cuerda del tiempo,
sólo dice
mientras se balancea,
me robaste la magia
me robaste la magia
ahora tienes que cargar conmigo,
soy ceniza.
Acero.
Odio
callado
en la punta de los dedos.